En el Partido Nacional (PN) se mueve la interna. Están en la búsqueda de un líder que tome la posta de candidato único. Y obviamente, el Cuqui ya no corre. Cada senador o diputado está empezando a moverse frente a un escenario nuevo, haciendo que el ajedrez electoral, o como lo llamé la semana pasada en Twitter, el Juego de Tronos (así somos más modernos) se empiece a jugar.
El Guapo Larrañaga es un líder del 50%. Nunca va a lograr que el otro 50% del partido se alinee atrás de él si no es con acuerdos… porque digamos la verdad: la mitad de los blancos no lo bancan mucho. Lo mismo le pasaba al Cuqui. Sin embargo, Luis Alberto tenía a favor que fue Presidente de la República en el período 1990-1995.
El PN está dividido en dos partes principales: Alianza Nacional (AN) y Unidad Nacional (UNA). Los primeros son los wilsonistas y los segundos los herreristas. Los herreristas surgen del lado de Lacalle, nieto de Herrera (nótese que Luis Alberto de Herrera no tuvo descendencia masculina), mientras que AN, bajo el ala de Jorge Larrañaga, es la unificación de los wilsonistas y todos aquellos que se fueron moviendo para allí. Luego del retorno a la democracia, el PN estaba dividido en tres partes, ya que Carlos Julio Pereyra estaba peleado con Wilson por uno no apoyar la Ley de Caducidad y el otro sí.
El problema creado por la nueva regulación electoral, donde ya no corre la ley de lemas, es que los partidos tienen más competencia interna y deben cuidarse cuando hacen campaña de no dañar la unidad partidaria. Es algo que cuesta mucho. En las elecciones pasadas al PN le costó mucho y en anteriores elecciones al Partido Colorado. Eso es algo que el FA nunca tuvo problema, ya que siempre tuvieron un candidato único.
Sin embargo, en el FA el problema es diferente. Mientras que los blancos buscan ejercer el poder por razones de gestión, el FA buscaba el poder sólo por el poder. El FA nunca tuvo gente que realmente supiera de gestión pública, mientras que los partidos tradicionales si lo tienen. Puede verse fácilmente en los programas de gobierno. El FA nunca tuvo programas de gobierno, sino que «bases programáticas», o sea, propaganda para las masas.
En fin. Los blancos tendrán que luchar la interna con ideas y no con ataques. Les va a costar, ya que es muy fácil atacar al otro más que demostrar las ventajas propias. A veces el peor enemigo está al lado nuestro.
Detrás de Larrañaga está Gandini y por afiliarse Francisco Gallinal. Son gente más de campo, como el Guapo. Aunque en sí, los blancos siempre fueron gente de campo. En la UNA, el tema está más difícil, ya que no tienen un líder claro. O no lo quieren ver.
El hijo de Luis Alberto Lacalle, Luis Alberto Lacalle Pou, también conocido como «Cuquito» y en charlas muy informales como «oligarca puto» debido a una pelea en el parlamento con un diputado frenteamplista, es uno de los principales elementos de renovación del partido y va a pelear la interna blanca. Lo bueno que trae Lacalle Pou es un conjunto de ideas nuevas, más adecuadas a los tiempos que corren y un gran apoyo en el departamento de Canelones, de donde es Diputado.
Frente a otros exponentes de la UNA, como Analía Piñeyrúa o Francisco Gallinal (ya con un pie del otro lado del partido) o Verónica Alonso, Lacalle Pou corre con ventajas, no solo por ser descendiente de Herrera, sino también por un estilo más juvenil.
En los medios, Analía Piñeyrúa o Verónica Alonso se mueven mucho como buscando una precandidatura o algo muy cercano, pero también están personas como Luis Alberto Heber o Sergio Abreu que con menos aparición en los medios llevan muchas adhesiones y son personas dedicadas a la política desde hace varios años.
El resultado de la interna blanca cambió realmente desde que Lacalle Pou lanzara su pre candidatura. Es joven, trae renovación, tiene muchos seguidores con energía y es el hijo de un presidente y heredero de la estirpe de Herrera.
¿Cómo afecta Lacalle Pou a colorados y frenteamplistas?
Los colorados tienen en él un aliado escondido. Obviamente que no hay nada más temible que un balotage Lacalle Pou – Bordaberry, pero dudo que se de. Pero Lacalle Pou puede recuperar algunos votos de los perdidos en las últimas elecciones en los partidos tradicionales y ayudar a la unidad del Partido Nacional. La única oportunidad de ganar que tiene Bordaberry existe si el Partido Nacional se mantiene unido y firme.
Los frenteamplistas llevan las de perder, porque la renovación y la unidad de un partido tradicional les hará perder los votos de la gente que está descontenta con sus 10 años de gobierno nacional y 20 de municipal.
En el próximo post, me animaré a escribir sobre estrategia electoral y qué tiene que hacer cada partido.
